domingo, 5 de diciembre de 2010

Carta de Oscar García. Hacia un voluntariado popular


Esta carta fue escrita por el Profesor Oscar García de la Universidad Nacional de San Martín.

En este 5 de diciembre quisiera saludar a todos los Voluntarios y Voluntarias en su día.

En un saludo para esta fecha, decir todos no es simple formalidad inclusiva, sino que cobra una relevancia especial.
Especial, porque el Voluntariado se puede hacer de mil formas y sin dudas de entre ellas hay algunas que elegimos y otras que criticamos e intentamos superar y dejar de lado. Pero teniendo presente que cuando decimos este todos, debemos reconocer dos cosas: la primera es que al Voluntariado las personas lo hacen como pueden, como les sale, como les gusta, como les han enseñado, como lo han imaginado, como lo han visto en otros, como se les permite, como lo pueden hacer, como lo hacen…

Es decir, al Voluntariado – como al amor - se lo hace; no se lo declama, no se lo exhibe, no se lo pavonea, no se lo simula, no se lo imposta, no se lo falsea...

Lo segundo es que ese todos también nos recuerda que el Voluntariado se hace necesariamente “ de a muchos”, impacta profundo cuando es “de a siempre”, mejora no cuando es “de a pruebas”, sino “de a praxis”, sorprende cuando es “de a contramano”, brilla cuando es “de a ingenio”, es más solidario cuando es “de a conciencia” y trasciende en el tiempo cuando es “de a pasión”.

Como se sabe, si bien he respetado siempre la diversidad como la marca germinal del Voluntariado, personalmente he preferido elegir formas de su práctica a las que he llamado de Voluntariado Transformador, definiéndolo como aquel con capacidad de producir cambios reclamados, pertinentes, participados y profundos en la comunidad, desde lo que decíamos: una praxis consciente, coherente y conviviente ; tres “c” del Voluntariado que Transforma, en oposición a un Voluntariado posmoderno, caracterizado por ser “light”, tibio, cosmético, oportunista, cumplidor y “modelo” y, por todo ello, olvidable por insolidario, indiferente o marketinero.

Sin embargo, el Voluntariado es continuo avance y desafío y, para los tiempos que vienen, es necesario avanzar todavía un paso más y – sin abandonar lo Transformador –pensar en la necesidad de construir y alimentar una nueva categoría que me gustaría llamar Voluntariado Popular.

Popular es lo masivo, lo común, lo que, proviene, habla y desemboca en el pueblo; lo popular es también lo democrático, pues demos no es “gente”, ni “vecino”, ni “contribuyente”, ni siquiera Voluntario. Demos es pueblo y por ello, lo popular es aquello que nace y se destina recursivamente a sus necesidades y deseos, y un Voluntariado que se quiera llamar popular debe ser eso; accesible a todos, soñable por todos, posible de llegar a todos y todas.

Caracterizar al Voluntariado con los adjetivos de latinoamericano, transformador o popular no es ceñirlo a regionalismos o anclarlo en dogmatismos y particularidades sino encuadrarlo para que no gire en el vacío.

No se puede hablar de Voluntariado en abstracto; y el Voluntariado girando en el vacío es un trompo danzarín y alegre pero irrelevante.
Para pensar un Voluntariado relevante debemos hacerlo desde una triple mirada: desde lo político - con un proyecto -, desde lo social – con un paradigma – y desde lo vital - con una mística-.

Político, social, vital; proyecto, paradigma y mística son seis piezas que pueden hacer del Voluntariado un relato.
Que como todo relato, para existir, debe ser construido, vivido y comunicado.
Construir, vivir y comunicar Voluntariado en esta Latinoamérica de hoy es una oportunidad histórica única para adquirir dimensión de profunda hermandad: la integración así lo sueña, la tecnología así lo permite, la fragilidad ante los imperios así lo reclama.

No somos Voluntarios porque hayamos nacido tocados por una varita mágica, ni porque seamos especiales, ni porque estemos aburridos, ni porque vivamos trasnochados (aunque confieso que algunas veces lo estoy…).
Somos Voluntarios sencillamente porque podríamos no serlo sin penas ni sanciones, y sin embargo lo somos porque sabemos que la vigencia de los derechos, la libertad, la justicia y el ejercicio de la Solidaridad no son plenos aún ya que esa plenitud es una tarea de construcción eterna que ni locos nos queremos perder o mirar desde una butaca en la platea.


Las tareas de construcción de la justicia y de despliegue de la Solidaridad son eternas y por eso mismo queremos estar allí, en primera fila, desde nuestra pequeñez y finitud, sí, pero bien deseantes, dialogantes, ideológicos…: ¡Voluntarios!
Aceptemos por un minuto esta consigna: es casi 2011 pero aún estamos en la prehistoria de la Solidaridad y todos nosotros (tan modernos que parecemos…) no somos más que cavernícolas del Voluntariado intentando descubrir el fuego.

En esta consigna - que no pretende ser una crítica para disminuir nuestra autoestima sino una provocación para no sobrevalorarnos – hay un planteo de esperanza y de resistencia bien actual: si en un futuro lejano la Solidaridad será cien veces más valorada y el Voluntariado mil veces más practicado y reconocido, no será por arte de magia sino por la triple construcción que hagamos desde hoy en, como se dijo, lo político, lo social y lo vivencial.

Por eso, les propongo que a los que hoy nos llaman ilusos, ingenuos, voluntaristas o simplemente tontos, les digan que esperen un rato (unos 3 mil o 4 mil años) para que vean que al usar nuestro tiempo y nuestras ganas en ser Voluntarios, no estábamos tan equivocados.
Fuera de especulaciones y más acá en el tiempo, el Voluntariado mundial – que no es movimiento social pero tampoco entelequia o invento mediático – tiene hoy su Día para celebrar y creo que nada mejor que pararse desde Latinoamérica para reinterpretar esa celebración internacional en clave de Voluntariado Popular.

Popular, insisto, no por lo que hace ni por cómo lo hace, sino por de donde proviene y a lo que aspira. Si buscamos al pueblo para que venga a hacer su Voluntariado - no el de los Gobiernos, no el de la ONU, no el de los consultores, no el de los marketineros, no el de los académicos - estaremos buscando bien, pues ahí están las raíces.

No en los libros, ni en estas palabras. Por eso las termino.

Un saludo fraterno,

Oscar García
Villa Ballester, diciembre de 2010