martes, 3 de enero de 2012

Tres muertos en cárceles


Nota publicada por CORREPI - Boletín 640 - 30 de diciembre

Walter Ricardo Luna, de 25 años, estaba preso en el pabellón evangelista del Penal 36 de Magdalena. Este jueves hubiese recuperado su libertad, pero fue asesinado antes de conseguirlo. Fue encontrado muerto con múltiples hematomas en su cuerpo.

Jonathan Retamoso, un pibe de 17 años recluido en el IRAR (Instituto de Rehabilitación del Adolescente de Rosario) fue encontrado muerto “ahorcado con su sábana” según la versión de los responsables de su muerte. Jonathan había ingresado pocos días antes a esta cárcel para niños. La versión del “ahorcado” es una de las mentiras más trilladas por la cantidad de veces que se utiliza para encubrir asesinatos por parte de policías o penitenciarios.

En el Penal n° 48 de San Martín, la disputa entre los agentes del servicio penitenciario bonaerense por el manejo de la droga se cobró una víctima fatal, más una docena de heridos. Los penitenciarios encerraron juntos en una celda pequeña a dos pibes que tenían problemas de convivencia entre ellos, y uno de ellos apuñaló con una faca al otro, Luis Molina, de 24 años, quien murió desangrado.

Ese mismo día, un preso del pabellón 11 recibió tres puñaladas y debió ser hospitalizado. El día anterior, otros cuatro presos fueron heridos a puntazos en ese pabellón. Martín Almejeiras, preso en esa unidad, se cosió la boca como medida de protesta para exigir mejores condiciones de reclusión, y fue herido a escopetazos por los agentes penitenciarios, terminó con 12 perdigones de goma en su cuerpo, según denunció Jesús Cabral, quien también fue golpeado por los penitenciarios.

La responsabilidad de la institución penitenciaria en las muertes es clara, por acción u omisión de los agentes penitenciarios. Estas instituciones de encierro cumplen un rol claro, disciplinar, alienar y mantener a raya a los pobres, para un control social más efectivo.