martes, 2 de marzo de 2010

REFLEXIÓN: Discriminación escolar y estereotipos

Pablo Fernández Blanco publicado en EL UNIVERSAL , Febrero de 2010

En la base de los prejuicios existe una visión autoritaria e inflexible de incompatibilidad valórica

En el artículo anterior comentamos que la discriminación en sentido negativo se funda en estereotipos y prejuicios que menoscaban la dignidad de las personas, los cuales tienen una incidencia fuerte en la educación.

Los estereotipos actúan como categorizaciones o asociaciones automáticas y son los mecanismos que más inciden en la permanencia de los prejuicios sociales. La gente que asume perfiles estereotipados de los demás actúa con suspicacia, frialdad, distancia, a la defensiva y desarrollando conductas que confirman el estereotipo y la categorización. Frases como "todos los negros son marginales", "todos los indígenas son flojos", "todos los niños son incapaces de ejercer sus libertades responsablemente" son sólo algunos de los estereotipos que solemos oír y son reforzados muchas veces por lo que Althusser denominó los diversos "aparatos ideológicos del Estado" (familia, escuela, iglesias, medios de comunicación, partidos políticos).

Los pobres No obstante, los estereotipos pueden resultar útiles si calzan con ciertos roles sociales comunes y aceptables. En el caso venezolano, por ejemplo, la estereotipación de los pobres durante décadas ha generado un sentido de pertenencia grupal, que lejos de subsumir en la condición de "pobre" (y todo lo que se encierra detrás de esa calificación) ha llevado a que quienes son encuadrados en ese estereotipo se fortalezcan identitariamente y asuman, a partir de las transformaciones políticas y sociales en proceso, un rol activo como sujetos de derecho.

Respecto a los prejuicios hay quienes atribuyen su origen a sentimientos de frustración, rabia, ansiedad y temor producidos por un grupo en relación con otro, al cual consideran un obstáculo en el logro de sus objetivos. Otros autores consideran que en la raíz del prejuicio está el temor a la incidencia de un agente externo sobre la vida intragrupal, por los niveles de influencia o la transpolación de valores o elementos culturales incómodos.

En la base de los prejuicios existe una visión autoritaria e inflexible de incompatibilidad valórica, es decir, la creencia de que los valores propios son los verdaderos, los mejores y por ende los que siempre triunfarán, por lo cual no puede existir ningún compromiso con otro conjunto alternativo de valores.

Quienes trabajamos en el campo de la educación en derechos humanos hemos convivido con una serie de prejuicios construidos desde la estructura escolar en torno a los riesgos y desviaciones que implica una educación para la libertad y el ejercicio de los derechos humanos por parte de los niños, niñas y adolescentes. La resistencia a la incorporación de prácticas coherentes con los derechos humanos en la escuela parte del choque entre dos esquemas valóricos, uno asentado en la autoridad/mando, el orden y la disciplina mal entendidas como ejes fundamentales de la rutina escolar, frente a la autoridad/servicio, la organización consensual y la disciplina democrática que ofrece la educación en derechos humanos.

Continuaremos abordando el tema.