martes, 31 de marzo de 2009

PISTOLA “SE DISPARÓ SOLA” APOYADA EN LA NUCA

Desde el Boletín Informativo de CORREPI - NÚMERO 516 - 29 de marzo de 2009

Los diarios titularon "Muere murguero en enfrentamiento con la policía". Mauricio Vega tenía 34 años. La madrugada del 1º de marzo, después de bailar con la murga "Los Incansables de Chacarita", de la que participa toda su familia, recibió un balazo policial que lo mató. La bala entró a su cabeza por la nuca. Mauro no va a conocer al bebé que lleva sólo cuatro meses en la panza de su compañera.

Según el cabo Segovia de la Cría. 33ª, versión que, es obvio aclarar, reprodujeron los medios, "iba en un móvil, recorriendo la jurisdicción en prevención de delitos y contravenciones, cuando su acompañante, Sgto. Chávez, cuando vio una moto parada en Arredondo al 2.600. Le resultó sospechosa porque la tripulaba un menor de edad. Frenaron, hicieron marcha atrás y se acercaron. Una persona mayor de edad que estaba dentro de un Fiat Uno al que le habían roto el ventilete trasero para abrirlo se bajó del auto y subió a la moto, pero hicieron una mala maniobra al arrancar y cayeron al piso". Mientras el sargento Chávez bajó del patrullero y redujo al menor, al que puso boca abajo en el piso, Segovia, en el patrullero y arma en mano, persiguió a Mauro.

Lo alcanzó en Zabala y Moldes, junto al terreno aledaño a las vías del tren. Se bajó del patrullero con su Browning reglamentaria sin seguro, amartillada, con bala en recámara y el dedo dentro del guardamonte, sobre la cola del disparador. En la indagatoria dijo que el muchacho trató de saltar una reja hacia el terreno ferroviario, pero él lo agarró por el hombro izquierdo. Entonces, dijo, "por la presión que hace el caco para zafarse, el arma queda debajo de su nuca, y por el golpe se dispara sola".

La autopsia determinó que el recorrido de la bala fue de atrás hacia delante, ligeramente de derecha a izquierda y de arriba hacia abajo. La herida de entrada tiene forma estrellada, y hay quemadura y ahumamiento tanto en las partes blandas como en la tabla ósea externa. Esos tres signos indican, sin dudas, que el disparo se produjo a boca de jarro (con el cañón apoyado en la piel) o a quemarropa (distancia de 0.5 cm a 3 cm como máximo). Aunque hay que esperar los análisis histopatológicos para precisar si fue lo primero o lo segundo, de lo que no hay dudas es que el disparo no pudo ser a más de 3 cm.

Por descontado que los policías "encontraron" un conveniente revólver a metros del cadáver. Otra vez, es tan "perro" que ladra. Si bien es apto para producir disparos, su funcionamiento, como siempre en las armas plantadas, es anormal. Claro, no se plantan armas buenas, esas se alquilan o se venden, no se tiran. Igual que cuando plantan droga, que siempre es ultra cortada. Lo más importante de los defectos del arma es que para dispararla hacen falta las dos manos, porque hay que alinear el tambor con la aguja percutora y el cañón (está roto el seguro del tambor, entonces gira loco). Además, hay una falla que hace que las percusiones sean débiles, por lo que hay que gatillar varias veces apuntando hacia el suelo hasta que estalla el fulminante. También está roto el martillo.

El policía, en cambio, tenía su reglamentaria cargada con balas de punta plana, con la ojiva en forma de cono truncado. Este tipo de proyectil, igual que los de punta hueca, expansivos o "dum-dum", también está prohibido por la Convención de Ginebra para su uso en la guerra, porque no hieren, sino que matan. Según la propaganda de sus fabricantes, el proyectil que usó el cabo Segovia "incrementa el poder de volteo y la gravedad de las lesiones que provoca", por lo que las aconsejan para uso policial.

Aunque el cabo está imputado y fue indagado, está en libertad. No se han escuchado voces airadas de ricos y famosos, ni de periodistas e indignados ciudadanos "de bien", reclamando al juez Daffis Niklison que "cumpla la ley" manteniendo detenido a un sospechoso de homicidio calificado. Esta semana se iba a hacer, en el lugar y a la misma hora del fusilamiento, la reconstrucción del hecho. El juez, seguramente muy ocupado en garantizar la "seguridad" de los argentinos, se olvidó de avisar a la familia de Mauro y sus abogados de CORREPI que decidió suspenderla a último momento.

Con o sin un plan de seguridad de nuestra presidenta, incorporando más gendarmes y policías retirados, con balas prohibidas por la Convención de Ginebra, el gatillo fácil sigue siendo la principal herramienta del estado para asesinar a la clase trabajadora.